Moisés-Kahlo-Freud

Frida Kahlo, Moisés


Estaban en un bar Moisés, Frida Kahlo y Sigmund Freud... Ahh, no, no, perdón, a lo que iba era a un post que debía con la explicación de la composición de esta pintura :) 

En esta pintura es de 1945 y en ella Frida Kahlo representa el Moisés de Freud en imágenes por sugerencia de José Domingo Lavín. Al presentarla, Kahlo la explica de la siguiente manera:

Leí el libro una sola vez y comencé a pintar el cuadro con la primera impresión que me dejó. Después lo releí y debo confesar que encuentro el cuadro incompleto y bastante distinto a lo que debería ser la interpretación de lo que Freud analiza tan maravillosamente en su Moisés. Pero ahora ya ni modo de quitarle o ponerle, así es que diré lo que pinté tal cual está.

El tema en particular es sobre Moisés o el nacimiento del Héroe, pero generalicé a mi modo (un modo reteconfuso) los hechos o imágenes que me dejaron mayor impresión al leer el libro. Lo que quise expresar más intensa y claramente fue que la razón por la cual las gentes necesitan inventar o imaginarse héroes y dioses es el puro miedo. Miedo a la vida y miedo a la muerte.

Comencé pintando la figura de Moisés niño (Moisés en hebreo quiere decir aquel que fue sacado de las aguas,  y en egipcio Moisés significa niño). Lo pinté como lo describen muchas leyendas, abandonado dentro de una canasta y flotando sobre las aguas de un río. Plásticamente traté de hacer que la canasta, cubierta por la piel de animal, recordara lo más posible a una matriz, pero según Freud la cesta es la matriz expuesta y el agua significa la fuente materna al dar a luz a una criatura. Para centralizar ese hecho pinté el feto humano en su última etapa dentro de la placenta. Las trompas, que parecen manos, se extienden hacia el mundo. A los lados del niño ya creado puse los elementos de creación, el huevo fecundado y la división celular.

Freud analiza en una forma muy clara, pero muy complicada para mi carácter, el importante hecho de que Moisés no fue judío y solamente pinté un chamaco que, en general, representara tanto a Moisés como a todos los que según la leyenda tuvieran ese principio, transformándose después en personajes importantes, guiadores de sus pueblos, es decir héroes, más abusados que los demás, por eso le puse el ojo avisor. En este caso se encuentran Sargón, Ciro, Rómulo, Paris, etcétera.

La otra conclusión interesantísima de Freud es que Moisés, no siendo judío, dio al pueblo escogido por él para ser guiado y salvado una religión, que tampoco era judía sino egipcia. Amenhotep IV revivió el culto al Sol tomando como raíces la antiquísima religión de Heliópolis. Por eso pinté al Sol como centro de todas las religiones, como primer dios y como creador y reproductor de la vida. Esta es la relación que tienen las tres figuras principales en el centro del cuadro.

Como Moisés ha habido y habrá gran cantidad de copetones transformadores de religiones y sociedades humanas. Se puede decir que ellos son una especie de mensajeros entre la gente que manejan y los dioses inventados por ellos, para poder manejarla. De estos dioses hay un resto; naturalmente no me cupieron todos y acomodé, de un lado y otro del Sol, a aquellos que, les guste o no, tienen relación directa con el Sol. A la derecha los de Occidente y a la izquierda los de Oriente. El toro alado asirio, Amón, Zeus, Osiris, Horus, Jehová, Apolo, la Luna, la Virgen María, la Divina Providencia, la Santísima Trinidad, Venus y... el diablo. A la izquierda: el relámpago, el rayo y la huella del relámpago, es decir, Hurakán, Kukulkán y Gukamatz; Tláloc, la magnífica Coatlicue, madre de todos los dioses, Quetzalcóatl, Tezcatlipoca, la Centéotl, el dios chino Dragón y el hindú Brahama. Me faltó un dios africano, pero no pude localizarlo; se le podría hacer un campito.

Habiendo pintado a los dioses que no cupieron en sus respectivos cielos, quise dividir el mundo celeste de la imaginación y la poesía del mundo terreno del miedo a la muerte, entonces pinté los esqueletos humano y animal que pueden verse. La tierra ahueca sus manos para protegerlos. entre la muerte y el grupo donde están los héroes no hay división ninguna, puesto que también mueren y la tierra los acoge generosamente y sin distinciones. Sobre la misma tierra, pintadas sus cabezas más grandes para distinguirlos del montón, están retratados los héroes (muy pocos de ellos, pero escogiditos), los transformadores de religiones, los inventores o creadores de éstas, los conquistadores, los rebeldes, es decir, los meros dientones. A la derecha (a esta figura debí darle más relevancia que a ninguna) se ve a Amenhotep, llamado Iknatón, joven faraón de la 18a. dinsatía egipcia (1370 a.C.) quien impuso a sus súbditos una religión contraria a la tradición, rebelde al politeísmo, estrictamente monoteísta, con raíces lejanas en el culto de On, la religión de Atón, es decir, del Sol. No solamente adoraban al Sol como ente material, sino como el creador y el conservador de todos los seres vivos, dentro y fuera de Egipto, cuya energía se manifestaba en sus rayos, adelantándose así a los más modernos conocimientos sobre el poder solar.

Después Moisés --según el análisis de Freud-- dio a su pueblo, adaptada, la misma religión de Iknatón, transformada un poco según los intereses y circunstancias de su tiempo. A esta conclusión llega Freud después de un minucioso estudio en el que descubre la relación íntima entre la religión de atón y la mosaica, ambas monoteístas. (Toda esta parte del libro no supe cómo transportarla a la plástica.)

Siguen Cristo, Zoroastro, Alejandro el Grande, César, Mahoma, Tamerlán, Napoleón y el infante extraviado: Hitler. A la izquierda la maravillosa Nefertiti, esposa de Iknatón. Me imagino que además de extraordinariamente bella debe haber sido una hacha perdida y colaboradora inteligentísima de su marido. Buda, Marx, Freud, Paracelso, Epicuro, Gengis Kan, Gandhi, Lenin y Stalin. El orden es gacho, pero los pinté según mis conocimientos históricos, que también lo son. Entre ellos y los del montón pinté un mar de sangre con el que significo la guerra. Y, por último, la poderosa y nunca bien ponderada masa humana, compuesta por toda clase de bichos: los guerreros, los pacíficos, los científicos y los ignorantes, los hacedores de monumentos, los rebeldes, los porta-banderas, los lleva-medallas, los habladores, los locos y los cuerdos, los alegres y los tristes, los sanos y los enfermos, los poetas y los tontos, y toda la demás raza que ustedes gusten que exista en esta poderosa bola. Nada más los de adelantito se ven un poco claros, los demás... con el ruido no se supo.

Del lado izquierdo, en prmer término, está el Hombre, el constructor, de cuatro colores (las cuatro razas). Del lado derecho, la Madre, la creadora, con el hijo en brazos. Detrás de ella está el Mono. Los dos árboles que forman un arco de triunfo son la vida nueva que retoña siempre del tronco de la vejez. En el centro, abajo, lo más importante para Freud y para muchos otros; el Amor, que está representado por la concha y el caracol, los dos sexos, a los que envuelven raíces siempre nuevas y vivas. Esto es todo lo que puedo decir de mi pintura.

*Hasta ahí la explicación de Kahlo... que conste que yo advertí que era extensa, pero muy interesante  :P

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