.
Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.
Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho se desplome.
Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.
Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se desstroce.
Que tanto y tanto amor, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.
Que tanto y tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.
Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.
Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho se desplome.
Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.
Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se desstroce.
Que tanto y tanto amor, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.
Que tanto y tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.
Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.
Eduardo Lizalde
*Parece mentira que ya haya pasado todo un año, ¿no? Yo si me acuerdo. Claro, porque también me acuerdo de que hace un año estaba en este mismo lugar, escribiendo. Porque recuerdo que ese día todo se acabó, que todo estaba mal y que sólo a mí me importó.
Pero ya pasó, y no quedó nada.
Las cosas son tan distintas hoy que apenas podrías creerlo.
Ja, de repente me puse muy triste... a veces quisiera darte un golpe por hacer esto :(
En fin, Eduardo Lizalde está en lo cierto. Es eso, que tanto y tanto amor se pudra... lo que duele.
Hace mucho que no escribía para ti. La verdad es que ya no era cuestión de fuerza, sino de ganas. La memoria te ha ido guardando poco a poco y todo ha mejorado. Quedan varias cosas tuyas, pero ya no me afectan igual. Tus libros siguen aquí. Ya he podido volver a leer a Mr Larkin, aunque Los Magos es un libro que no he querido abrir... tú y yo estamos ahí. Hace unos días, mientras buscaba algo en el librero, lo vi... tiene polvo, pero se ve bien la cubierta negra opacada por el polvo, sin una sola marca de dedos. Tiene gracia, podríamos hacer una analogía entre el libro y nosotros mismos.
Esperé un año, pero, bueno, hoy me despido definitivamente. Tal vez tú pienses que nunca va a llegar el momento adecuado, tal vez yo no sé esperar lo suficiente. Tal vez no importa nada.
*Mi regla es que las etiquetas de nombre son sólo para escritores, pero hoy voy a hacerla pedazos y a diferencia de todos los demás posts relacionados contigo, éste sí quedará en la etiqueta que ya te había dado. Es el punto final.

Comments