Post a medio pensamiento


... Lo que sucede es que yo no sé de finales. La cantidad de historias inconclusas hasta a mí misma me sorprende. Y luego, ¿por qué vuelven? Zaaaaas, no sé terminar historias.

Ahhh, pero ya lo dijo Margaret Atwood... bueno, más o menos... Todas las historias terminan igual (porque sí, claro que sí existe el final definitivo), entonces lo importante no es eso, sino la trama. Damas y caballeros, es la trama!!! Y por supuesto, dentro de la trama lo importante no es el qué, sino el cómo. Eso también es cierto porque está de flojera quedarse en el qué, ¿no?

*Aunque conozco organismos de vida básica que se quedan en el nivel del chismerío, en el reino del qué... jojo, pero son tan orgullosos que lo confunden con el cómo (no me crean, pero dicen que hasta lo escriben sin acento)*

En fin, pues luego resulta que ahí voy yo con mis cómos tan enredados.

Consecuencia: mis historias carecen de finales, ¿dónde diablos queda el desenlace?, se confunden con otras cronologías, vaya usted a saber. ¿Eso me convierte en una Selfish carente de lógica? 
No sé, pero tal vez lo menos lógico sean los coprotagonistas... tal vez debería llamarles antagonistas o, en el peor de los casos... ¿personajes secundarios?, ¿incidentales? Pufffff.

Lo más curioso es la mezcla espontánea de lo que aparenta ser una historia paralela o independiente. Amazing. Uhhh, cuánta inmoralidad. Y es peor cuando pienso en los otros autores... si supieran que, de cierto modo, hay partes de mis historias escritas en tinta invisible en sus propias tramas, no, mejor que no se enteren.

En fin, estoy a punto de retomar una historia. No sé si sea buena idea, sobre todo tratándose del personaje poeta maldito de bolsillo. Bueno, podría ser aterradoramente interesante y divertido, ¡tormento al puro estilo Selfish! Jajajaja :P

Bien, creo que queda claro que todo este post es acerca de literatura y nada más que literatura, ¿cierto?

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