Anoche, anoche soñé contigo


Hace unos meses encontré en uno de los libreros en casa un libro que no era mío. ¿Cómo llegó ahí? Yo no sé, pero el caso es que el título sonaba divertido. Los amores de cinco minutos, de José Ortega Spottorno. En el prólogo, el autor dice que los cuentos del libro y el título no tienen que ver necesariamente con aventuras amorosas como tales, sino con encuentros fugaces. Ahhh por supuesto que no es lo mismo. Él dice que los amores de cinco minutos pueden suceder con gente con la que simplemente llegaste a hablar o a la que sólo llegaste a ver de lejos. Es como si fueran instantes que quedan grabados en la memoria y que hasta pueden pasar desapercibidos para la otra persona en cuestión. Claro, esas cosas pasan porque hay gente especial... Aunque muchas veces no es posible decir exactamente que es lo que hace a esa gente taaan especial. Eso me hizo pensar en aquellos que tienen relaciones eternas, que pasan muchos años con un solo novio o novia. Generalmente, ellos creen que se conocen a la perfección, que pueden ditinguirse entre la multitud y que eso sucede porque están conectados más allá de lo creíble (vaya que eso es cursi jajaja). Sobre todo, pareciera que esa conexión se debe al tiempo. A lo que me refiero es que se suele dar más importancia o credibilidad a esas relaciones eternas que a las que duran muy poco o que ni siquiera llegaron a ser. Para mí, los encuentros fugaces son válidos a pesar de que en ellos no haya estabilidad porque los disfrutas, los sufres, los piensas y en realidad nunca llegas a acostumbrarte a las sensaciones que experimentas. Sin duda, el tiempo puede fortalecer sentimientos, compromisos, bla bla bla... Pero no siempre es así.

Lo anterior viene al caso porque en el cuento "Bajo el hechizo de Mozart", el protagonista se enamora de una mujer a la que solía encontrar en conciertos; nunca hablaba con ella, pero siempre recordaba sus ojos y el sonido de su voz (que sólo llegó a escuchar una vez). A propósito de ese recuerdo, José Ortega escribe:

La mayor pérdida que se pude tener de un ser al que se amó o se admiró es cuando se olvida el color de sus ojos y el tono de su voz, como si fuera una fotografía desvaída.

Diablos!!!! Me pregunto, ¿en el mundo real (jajaja, lo que sea que eso signifique)sólo los individuos de las relaciones eternas se acuerdan de esas cosas? Yo pensaba que no, pero ayer tuve un sueño.

Hace mucho tiempo conocí a alguien que fue muuuy importante. Él era tan fugaz e inconstante como yo. Tal vez por eso nos tropezamos mil veces antes de alejarnos definitivamente. Sin embargo, esa historia no duró mucho. Todo fue muy rápido, pero no fue superficial, ohhh no, por supuesto que no. Casi nadie lo entendía, justo por esa creencia de que sólo las relaciones eternas son importantes. Jajaja, hubo momentos en los que llegué a pensar que nunca iba a haber nadie más, jajaja, qué boba. En fin, la cosa es que yo (aghhhh) no podía quitarme de la mente la mirada de este tipo. Yo creía (y sigo creyendo) que hay personas que tienen una mirada especial que no le conceden a todo mundo. ¿Alguna vez han sentido eso, que hay algo en la mirada de alguien que sólo ustedes perciben? El sonido de su voz también solía atormentar mi memoria una y otra vez (jajajaja). La última vez que lo vi, todo en él era tal como lo recordaba; sus ojos eran grandes y ese día eran de un gris muy fuerte (supongo que la luz de la biblioteca opacó la tonalidad azul ---sus ojos son muy raros y se ven más grises o más azules dependiendo del tipo de luz---) y todavia reconocí la mirada especial e inexplicable. Su voz seguía siendo ronca y destemplada, jajaja. Así lo recuerdo. Lo que no logro entender es por qué de pronto parece que los recuerdos son meras abstracciones, conceptos sin imagen o sonido. Son ideas que puedo expresar, pero que parecen carecer de sentido. Supongo que de algún modo, sin darme cuenta, olvidé.

En el sueño de anoche yo estaba reunida con amigos y él estaba ahí. Todos hablaban conmigo y me veían. Por qué estábamos reunidos y de qué estabamos hablando, no tengo la menor idea, jajaja, pero eso es lo de menos. Era fácil reconocer a cada uno, sus risas, sus voces, hasta establecer contacto visual. ¿Pero qué pasó con él? Él estaba sentado junto a una ventana y a pesar de eso casi no podía verlo, parecía una vil sombra en el lugar. No hablaba y por más que yo intentaba ver sus ojos nunca lo logré. Pude ver su sonrisa, pero nada más. La experiencia del sueño me hizo darme cuenta de que hacía mucho que no pensaba en él. Bueno, sobre todo, me hizo notar que olvidé. Y no es que ya no crea que en su momento fue importante, pero ahora veo que como dice José Ortega, ya lo perdí, mi memoria lo perdió y terminó siendo una fotografía desvaída. No me siento mal por eso, en realidad no me afecta, pero me parece curioso. No logro entender por qué soñé con él... Eso es inquietante porque casi nunca recuerdo lo que sueño, a menos que sean cosas locas o que me asustan, pero este sueño fue de lo más aburrido (creo), no pasaba nada interesante, lo único fuera de lo normal fue que él estuviera ahí. Jajajaja, el cerebro nos traiciona en el sueño, pero ahora sí no entendí.

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