Teoría Fridiana I

La Teoría Fridiana se originó en una tarde calurosa. Ese día mi amiga AS y yo estabamos cansadas de ñoñear en la facultad, así que decidimos hacer algo distinto. Ya saben, no se trataba sólo de tener vida social o una plática que no fuera acerca de literatura o cualquier otra forma de arte (de verdad, a veces resulta agobiante). Entonces nos lanzamos a la aventura de la cerveza y la botana en un lugar maravilloso al que casi nadie que conocemos iría. ¡¡Un establo!! ¡¡En plena ciudad!! Ahhh, el lugar era genial, había vacas de ojos enormes y mirada paciente (ahh qué dulzura); en una mesa había señores ya mayores jugando dominó y en otra había un par de galanes pubertos que muy pronto se aburrieron de tratar de congraciarse con nosotras. En fin, el caso es que más allá del alejamiento literario, lo que buscábamos era poder hablar de cosas tormentosas, o sea, hombres.
La situación era más o menos así: teníamos lo que no queríamos, queríamos lo que no teníamos y no sabíamos si debíamos arriesgarnos al cambio. ¿Uh? Trataré de explicarlo de otra forma.
¿Qué teníamos? Bueno, ella tenía un tamborilero malencarado. Yo tenía un fiestero chistoso.
¿Qué queríamos? Ella quería un skater revolucionario. Yo quería un hobbit poeta.
¿Por qué no sabíamos si arriesgarnos al cambio? Porque parece que es más cómodo resistir que emprender... Sí, eso es estúpido.
Entonces empezamos a discutir, ¿qué demonios es el amor? Jajajajajaja, sí, eso es aún más estúpido. Imposible definirlo. Imposible llegar a una conclusión. Tratamos de adivinar qué había más allá de la mera atracción y entonces se nos ocurrió que tal vez empezabas a amar cuando ya no te importaban ciertas cosas que al principio eran muy notorias (que si al skater le gustaba la trova, que si el hobbit era apenas tan alto como yo), pero no, definitivamente eso no es equivalente al amor.
En medio de la frustración y la indecisión llegó la epifanía. Ahhh sí, porque vaya que llegó. Se supone que esa tarde estábamos huyendo del arte, pero ya saben, a algunas personas éste nos alcanza dondequiera que vayamos y nos da respuestas sutiles (o somos tan atormentados que queremos ver las respuestas en él). Pues resulta que en un sitio alejado de nuesto hábitat, donde la gente va a comprar leche, pulque o cerveza, apareció un vendedor de arte. Por supuesto no era un pintor o un experto de galería, sino un señor que vendía cromos (creo que así se les llama a los posters pegados en una tabla y forrados con plástico). Para nuestra sorpresa, este hombre no vendía cromos de cantantes de moda o chicas sensuales (jajaja), sino réplicas de pintores reconocidos. Vaya que eso era extraño. Cuando se acercó a nuestra mesa, nos mostró paisajes y algunas obras que logramos reconocer, pero hubo una que nos cambió el panorama. Sí, es justo la pintura de Frida Kahlo que ilustra este post, Diego y yo. En cuanto la vimos, comenzamos a reír porque ahí estaba la respuesta que buscábamos.
La situación era más o menos así: teníamos lo que no queríamos, queríamos lo que no teníamos y no sabíamos si debíamos arriesgarnos al cambio. ¿Uh? Trataré de explicarlo de otra forma.
¿Qué teníamos? Bueno, ella tenía un tamborilero malencarado. Yo tenía un fiestero chistoso.
¿Qué queríamos? Ella quería un skater revolucionario. Yo quería un hobbit poeta.
¿Por qué no sabíamos si arriesgarnos al cambio? Porque parece que es más cómodo resistir que emprender... Sí, eso es estúpido.
Entonces empezamos a discutir, ¿qué demonios es el amor? Jajajajajaja, sí, eso es aún más estúpido. Imposible definirlo. Imposible llegar a una conclusión. Tratamos de adivinar qué había más allá de la mera atracción y entonces se nos ocurrió que tal vez empezabas a amar cuando ya no te importaban ciertas cosas que al principio eran muy notorias (que si al skater le gustaba la trova, que si el hobbit era apenas tan alto como yo), pero no, definitivamente eso no es equivalente al amor.
En medio de la frustración y la indecisión llegó la epifanía. Ahhh sí, porque vaya que llegó. Se supone que esa tarde estábamos huyendo del arte, pero ya saben, a algunas personas éste nos alcanza dondequiera que vayamos y nos da respuestas sutiles (o somos tan atormentados que queremos ver las respuestas en él). Pues resulta que en un sitio alejado de nuesto hábitat, donde la gente va a comprar leche, pulque o cerveza, apareció un vendedor de arte. Por supuesto no era un pintor o un experto de galería, sino un señor que vendía cromos (creo que así se les llama a los posters pegados en una tabla y forrados con plástico). Para nuestra sorpresa, este hombre no vendía cromos de cantantes de moda o chicas sensuales (jajaja), sino réplicas de pintores reconocidos. Vaya que eso era extraño. Cuando se acercó a nuestra mesa, nos mostró paisajes y algunas obras que logramos reconocer, pero hubo una que nos cambió el panorama. Sí, es justo la pintura de Frida Kahlo que ilustra este post, Diego y yo. En cuanto la vimos, comenzamos a reír porque ahí estaba la respuesta que buscábamos.
...Este post continuará mañana...
Muajajajaja.
Muajajajaja.
***Me gustaría saber qué opinan los demás de esta pintura, cómo la interpretan. Aghhh, olvidaba que casi nadie deja comentarios jajajajaja, pero sólo medítenlo un poco y después comparen con la Teoría Fridiana. Veamos qué tan diferente pensamos.

Comments